

Montando mi primer NAS casero
Después de perder unas cuantas fotos por culpa de un disco externo que decidió jubilarse sin avisar, tomé la decisión de montar un NAS casero como Dios manda. Nada de “backups” en un disco USB suelto: quería redundancia, snapshots y la tranquilidad de saber que mis datos están a salvo.
El hardware
Opté por reutilizar un mini-PC que tenía cogiendo polvo, le añadí una tarjeta HBA en modo IT y cuatro discos de 4 TB en RAIDZ1. No hace falta un servidor de rack carísimo para empezar: cualquier equipo con soporte para varios discos SATA y algo de RAM (8-16 GB es un buen punto de partida) sirve perfectamente.
El sistema operativo
Después de probar varias opciones me quedé con TrueNAS SCALE, principalmente por su integración nativa con ZFS y la posibilidad de correr aplicaciones en contenedores directamente desde la interfaz. ZFS me da checksums de datos, snapshots automáticos y la posibilidad de hacer scrubs periódicos para detectar corrupción silenciosa antes de que sea un problema real.
Lecciones aprendidas
- La redundancia no sustituye al backup. RAIDZ protege contra el fallo de un disco, no contra un borrado accidental o un ransomware. Sigo teniendo una copia fuera de casa (3-2-1).
- Los discos de la misma partida fallan juntos. Si compras varios discos a la vez, considera mezclarlos con algo de tiempo de fabricación distinto.
- Monitoriza la temperatura y el SMART de los discos. Un aviso a tiempo evita sustos.
En el próximo post cuento cómo empecé a virtualizar servicios encima de este mismo hardware con Proxmox VE.
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